Orales: Salivación excesiva.
Respiratorios: Jadeo, dificultad respiratoria en estado avanzado.
Gastrointestinales: Vómito severo (puede ser hemorrágico), diarrea con sangre, anorexia. Hepático: ictericia, necrosis hepática. Neurológico: ataxia, convulsiones.